Tumbados en la playa nunca fuimos nada, no fuimos siquiera la playa, ni siquiera superamos la raya que ardía en los errores que reímos. No escuchamos esa música que huimos
Si te he visto erguida en la tempestad, enfrentando el miedo embozada en cuerpo de niña, mirando en ojos de mundo en el grueso dolor de la esperanza, si te he visto, ha sido por verte fuerte,
No conozco el sonido de la verdad, ni entiendo las razones que reverberan en las evoluciones de mi hipocampo, reflejo de las estrellas, pero creo que en las sombras terribles
No lo pierda, no deje que se escape. Consérvela como si no existiera, como si en este mundo no tuviera más existencia que la del rescate en las mañanas que el frío repique;
Una última vez que te mire bien desde el vértigo gris de tus miradas, un último paso en las marejadas de lluvia y frío que te hacen crecer. Crecerse de nuevo y oírte: ven;
Al calor de los demás. A las formas insospechadas que toman los besos. A la espuma nanométrica que enerva cada noche. Al tacto poderoso en las yemas de los dedos. A las miradas y a las sonrisas de fuego.
En tu nuca confluyen todos tus pareceres, en ese blanco espacio fértil culminan los caminos de tu cuerpo. Como hilera de hormigas descabaladas se desprenden de ella los lunares en tu piel,
Esperaremos que regrese el frío para encontrarnos alados de nuevo, aunque haya que dejar quebrarse el cielo, volveremos, al cobijo del frío. Esperaremos que vuelvan las lluvias
Una, la primera, para dejarse llevar, hasta el último refugio del garrafón infernal. Dos para quedarse toda una noche, y parte del día, metidos en el mismo bar, en el de siempre,
Pocos espacios quedan ya para el recambio, para darse a la santísima vergüenza de enlodarse en los brazos, ojos y boca del otro. Quedan pocas ganas en este mundo de darse a la bendita sensación de estrecharse,
De camino a casa, desarenado, te veo andar, por delante, unos pasos, veo tu pelo, ondularse, y tus manos moldearse en tu risa, que es pecado; te giras, sonríes, y yo obcecado,
Lento, música de fondo, tranquilo hoy de tu cuerpo sonriente, dulcísimo, y del día perdido en tus altísimos andares: el cielo gris y sencillo. Libre, la noche descuida el sentido
Querer a Bowie no fue de melómanos, fue de cualquiera que escuchó, tranquilo, de todo el que supo sentirse vivo y pararse a escuchar, a mirar, a buscar la vida como pasión;
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