De vuelta

por Somnoliento

Serpenteando en el lúbrico
camino que nos mecía
requeridos en las sombras,
he vuelto a sorberme
de los olores las manías
y de la vieja luz el tacto
errático de las manos
todavía inexpertas;
cálidas a trompicones,
nada reflexivas,
vivas como ninguna…
En la alteridad de esta madurez
apisonada y apisonadora,
se pierde la tranquila crasis
de ahondar en los privilegios
que sólo de piel a piel
transmitimos, como en pólipos,
diminutas vellosidades
que atrapan cada micra del color
que inflama el sentido
en húmedos, indistinguibles,
rabiosos y desesperados arrebatos.
Contingentes, ayer.
Hoy definidos, demasiado.
Acabar donde siempre,
en el callejón que engaña
a la noche, como si fuera
otra principiante más…
Volver a pasar, sensible;
pisar con suavidad,
como acompañado;
ver donde no queda nada.
Pasar sin mirar atrás,
solo, en la sonrisa transparente
y natural que encumbra la memoria
de lo bien guardado,
de lo bien sentido.
Aspirar la marca órfica
que nos fija en el pasado…

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