Libres, Poesía

De humanidades

Pocos espacios quedan ya  para el recambio,
para darse a la santísima vergüenza de enlodarse
en los brazos, ojos y boca del otro.
Quedan pocas ganas en este mundo
de darse a la bendita sensación de estrecharse,
de abrirse las faldas, los pantalones, las camisas y vestidos.
Es como si doliera ver el amarse,
físicamente,
dulce indómita manera del comerse solos…
Entre hombres,
entre mujeres,
entre hombres y mujeres;
en grupo, solitarios, por tríos,
en almacenes llenos de cuerpos desnudos;
sexualmente brillantes, si nos dejan,
todos,
¿por qué se esconden las verdades del cuerpo?
Malditos dioses altivos y cuadrados,
recortadores de humanidades…
Crecen en las vergüenzas nocivas,
hiedras venenosas del conservadurismo pastoso,
asilando el sexo, como si enfermedad,
y en la mentira de morales debilitadas,
proscritas,
escondidos por no saber,
por no escuchar de pulsiones el grito atávico,
natural…

¡Sanas, santísimas pulsiones!
¿Qué más da el cómo o el qué,
el con quién maldito,
si lo hacen dos, o tres, o cinco,
con él, con ella o con todos,
juntos, encantados y jugosos,
abrazados en sus risas?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *