Y cuándo oyes el estruendo, de lejos,
como si una fuerte corriente helada
te fulminara seca entre los pasos
que pareciera no tener, que fuera
sin pretender, sin poder explicar…
Nimba, solo, saliendo de la nada,
el recuerdo en celaje de tormenta
y se escinde de la realidad
esmerilada por la indecisión:
¿de dónde esa potencia abrumadora,
esa fuerza febril y desmedida
tormenta de nieve en rabia cromática
que todo cambia, que todo lo acaba
presa del maësltrom espeluznante?
Espiral en luminosa confluencia,
una con el viejo fondo artillado
de sombras lavadas al contraluz;
mutación en voraz velocidad,
memoria en volcánica efervescencia,
y un vestido que se hace de tu cuerpo
sobre la cama que miras vacía;
y el encontrarse constantes, revueltos,
como si no hubiera más que mirarse;
y olvidarse, sin más, hasta esconderse.

Escapar, en la orilla del deseo,
contra el velo en confusiones de sangre.

 

Imagen por: benheine


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