Libres, Poesía

Yo, en la cocina

Yo, en la cocina hasta los codos,
tú, en la ventana,
volando al otro lado de tu reflejo,
huele a lluvia y a perejil,
y hasta el sol encuentra un hueco
para colarse en tu mirada.
Y Miras, y la sonrisa se disuelve
como la mermelada,
dulce y crujiente;
y yo te miro,
pero aprehenderte es complejo,
y no vale,
porque sigues lejos, a unos metros,
y desde aquí no huelo tu pelo.
prefiero caminar,
llegando hasta ti,
en centímetros de música y agua,
hasta poder tenerte
al alcance de las palabras,
las que prenden
y también las que no siempre suenan,
que pasan descalzas
entre los pliegues de las manos.
No sé lo que viste en mí, descreído,
pero sólo la refracción sinuosa
de la mitad, o menos, de los hilos
que surgen de nuestras vibraciones
me vuelven cantabile,
me enervan las funciones,
me colman la mente de parodia y rimas.
Y estallar,
aunque a veces el desintegrarse sea complicado
—los átomos son tercos cuando refieren las pasiones—,
resolver todas las conjeturas,
de la x a la y,
de la z a la realidad unificada,
las lambdas, deltas y oníricas versiones
de círculos cuadrados,
de gravitantes conjuntos abrazados;
empapados locos inacabables,
que nada se termina, guapa,
¡qué fácil!

 

Imagen por: cutetreats

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