No hay futuro para el hombre,
barro de asfalto y oro;
no hay futuro para el hombre,
muerte de envidia y coltán.

Sentimos la urgencia vívida, al fin,
la urgencia del que va a perderlo todo,
del que tiempo ha quedó estólido y solo.
Somos la urgencia de un mundo sin fin,
el miedo de ver como no seguir.
Sentimos la urgencia de lo que hicimos,
de lo que hacemos a esta tierra frágil,
de la sangre que mamamos del débil.
Somos la urgencia del miedo que fuimos,
el hambre y las armas, muerte que ceñimos.

 

No hay futuro para el hombre,
todo girará sin él.

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