Libres, Poesía

Salada

Sola en mitad del mundo frente a la gracia del mar,
en la cornisa que lame tus gradaciones
las aguas baldean en las fuentes del raído deseo presente.
Y te miras, como si de cristal la noche,
y disfrutas del vítreo desenfocar de tu solitud
que es como una torre de luz
entre las titilantes piedras lamidas por las corrientes.
Pequeña como los astros,
verde como el rosa que orea en la mañana
levantada en las condiciones proscritas de no repasar
la piel de la fiebre entre los bastiones:
viejos, de callarlos,
jóvenes, de recuerdo.
Miedo a no volver, en la cuenca del horizonte,
a estorbarse, otra vez,
al borde de los arcos la primera lluvia marcada,
cicatriz en la calle desierta.
Y el vino esperando a pudrirse,
y la playa enfangada de huidas…

Sola frente a la tormenta,
verso de roca en flexibles y vivas contorsiones,
silban los pasos y se encuentran
en pleno contraluz de tus misterios;
y te yergues como de hielo rosa,
estirando tu larga sombra hasta el amanecer
que te encontrará arqueada sobre las mareas,
al gusto del noto y del céfiro.
Que siempre anduviste divirtiendo las palabras,
tejiendo de rarezas las voces del sentido;
tú, cortada como de algas y arena,
que siempre cruzaste el mar como una ninfa salada,
entre caminos de doradas conchas
alzarás el vuelo, volverás a volar,
aunque se te acaben las olas.

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