Creer en la confluencia
que vendrá de tus solapadas escisiones,
como si no fuera más que un dibujo
cortado de las mordidas,
entremezcladas, explosivas pasiones.
Y así dañarnos las ganas,
a conciencia,
rasgarnos hasta la ira,
del cielo al color que se escapa entre tus dedos
algodonados en el deseo,
así enfundarnos de olores
que anuncian más noches,
más naciones en la distancia,
el tiempo horadado de saborear
los entresijos que guardamos
como si fueran algo más que el espacio quieto
donde ahogar las presión de una mirada,
el velo cuajado de la piel vista
entre mortales dependencias del segundo valiente;
tenerse en la querencia
de no haber más tiempo que el que se da por perdido
en los extremos del pensamiento sentenciado,
allí, vacío solemne y bendito,
donde reina la pulsión,
un ojo frente al otro,
la lengua húmeda del silencio…
Y los cuerpos que ya no giran,
que sólo se encuentran,
entre la sombra de un final
y el inicio de un hastío que brillará como dos soles
rotos de profundas explosiones,
hasta que vuelva a llegar la noche suficiente,
hasta que vuelva a extenderse,
como una manta,
la gravedad escindida de los que, como tritones, se necesitan.

 

Imagen por: martyred

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