Libres, Poesía

Asíncrono

Y mientras la gente muere:
de frío, de insoportable,
intolerable dejadez
ante guerras en los dientes del poder,
de indiferencia,
de complicidad en avulsas razones.

El mundo, rico, egoísta, cobarde,
se pierde en la suplicas (falsas),
en las ganas de no cambiar nada,
en el miedo; miedo, miedo cerval
a que un día cambie todo
y la equidad se multiplique,
y los ricos seamos menos ricos,
como debiéramos,
y no más pobres,
y no más diferencia e iniquidad,
madres de la guerra.

El que no progresa vive aterrado.
El que contempla y justifica,
muere lentamente;
que todo se conecta
de profunda radiación primaria,
estallido o no,
a la última de las medias verdades
de una economía sibilina,
rueca inventada,
apuntalada para dar de comer
hasta el empacho a los pocos
que aprendieron a vender
la ignorancia como remedio.

«Experimentos con gaseosa».
Y el ser humano en el calcolítico;
tú al borde de la roca Tarpeya (debieras),
traidor de las oportunidades,
acostumbrado a vivir de lo que cae
del cielo de tus dioses,
antiguos vicios, acartonados,
tan humanos,
tan salvajes,
tan primorosamente inventados.

En tu criterio enarenado,
razón raquítica y renca,
bruna, cacofónica,
no somos nada, y el cosmos no justifica;
cada hierba, cada soplo de viento,
cada insecto vale lo mismo
—o más—
que tu vida, ¡qué no somos nada!
O tan importantes como nada,
o como el resto.
Casualidad fangosa,
suspiro en los eones,
en las mareas de tiempo impropio
que aún estarán por venir.

¿Te creíste importante?
Y qué de tus hermanos,
qué de lo humano y lo que no…
¿Te creíste importante?
Si orbitas efímero estrellas enanas,
si no eres más que cien mil años,
una mota, una salvedad indistinguible
en la espiral blanca de un cosmos
que apenas aprendiste a digerir,
interconectado

Qué vives conectado,
aunque reniegues del barro,
de esta y de otras realidades;
qué eres porque alrededor de ti todo es,
pero te hundes sin ver el fondo.
¿Cuándo perdiste la imaginación?
¿Cuándo sacrificaste la regalada pasión
por construir caminos
en los mismos, supurantes, terribles errores?
Cómo dejaste que todo lo engulleran
las miasmas de la nada pasajera,
esa en la que vives;
disfrutando como a tu alrededor
se deshace la corta adoración
de tu pánico a vernos iguales,
lacerante de tu misma esencia.

Óyeme: que no eres especial, no vives para ti,
es imposible; no estás solo.
Eres breve, efímero, diminuto, insignificante;
asíncrono, mortal, brillante, oscuro…
Eres porque no estás solo.
Óyeme: no eres especial, ¡y eso es maravilloso!

 

Imagen por: zewar-fadhil

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