Las huidas furtivas
de gotear en luces blancas;
recuerdo encelado
de la oscuridad enfervorizada,
mareados, tensos, desgañitados
todavía supurantes,
gateamos como lampreas
sobre el espacio colmado
que nos ha lamido
en el nocturno entrechocar
de ansiedades y presentes,
al aire, al frío, al ruido
extrañado de los pies pegajosos
y las miradas tumescentes,
arrastramos el aroma
del misterio y el silencio,
las cuatro ventanas
abiertas como sangre
al rosa profundo
de las verticales humedecidas;
en un rebote quiral
de escalada cimbreante
volveremos a girar,
(no) volverán los fosfenos
y una luz culpable
a iluminar de sabor
en azul las pieles de sal,
sus pliegues de mares
y el bordón acicular
de una mañana a contraluz:
tu contraluz,
contra la luz, tú,
y yo, en la sombra acuática,
yo en la vereda de tu luz,
tú y yo, de la luz en contra,
frío, lejos a contraluz.
Todavía supurantes
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