Libres, Poesía

Piragüas

A Jaime, a Ric, a María, a Blanca y a las Cristinas.
A Luis, a Ferdi y a Miguel.
A los Cercedillos y Cercedillas, a las Vistahermosas
y a todos los que nos matamos a sidras durante años.

 

Llegar sin pensar y sin dormir,
plantar la vida delante del mar
y dejar correr la retahíla
de las pasiones,
no dejarse consciente ni a las ranas.
¡Hijos de puta todos!
Levantarse empapados de un sol estigio,
y amanecer en esas lomas de duchas
sin más remedio que la noche de tres días,
verte despertar, desarenada,
sonreírle a las penas que ya se atisbaban en tus llagares,
en el colmo de la folixa,
¡a por esas y basta!
Y un poco de la Marea recién descubierta,
asomando en la maqueta del Luiso.
Una vuelta, el Kendal, los golpes en la frente,
cabeza a cabeza celta,
el baile, el del final de besos,
no estar seguros de nada,
ni de la negrura que asomaba en la incertidumbre,
tus extremos de blancuras,
hallarse como si las manos no existieran,
y los ojos, de frente, exorbitados,
perdiéndose entre las gravedades
a las que no dimos necesidad ni solución.
Y de nuevo la despedida del beso,
acabarse,
y entre las vías estrechas
perderse, fatigados e insomnes:
la costa esperando.

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