Libres, Poesía

No Flags

Amar un país es como amar la nada,
porque es nada un país sin las personas.
Adorar banderas es continuar con la ignorancia
que los siglos no nos dejan olvidar,
como la sangre que las baña,
que tampoco se olvida,
ni la injusticia,
ni la vergüenza,
ni la guerra ni el hambre.

Amar a un país, porque sí,
porque así me lo enseñaron,
“y dios y la patria, y todo lo demás,
y por mis santos cojones, y hasta la muerte…”
amar, así, no es vivir,
es un querer rancio, retorcido,
es no quererse a uno mismo,
es disminuirse entre la masa desmemoriada.
¡Primero la gente!
Primero tu familia,
que para eso están y para eso vinieron.
Quiere, pues, a quien tu quieras, y a quien te quiera,
sobre todo a quien te sepa querer, de verdad,
¡sea quién sea!
Hazlo con la locura y con la calma
del que no se enfanga en el futuro,
hazlo con la lluvia y con el frío,
sudado, triste, manchado,
verde, azul, rojo como el azafrán.
Cuida a tus amigos,
mírales con ojos de lo sagrado
no con los de la envidia,
refréscate en los malos momentos,
caliéntate en su risa y en sus abrazos
cuando todo sean noches de verano.
Respeta a la gente,
hasta a los que te enfrentan (a esos quiérelos más),
respeta por el respeto
y empápate de la opinión,
reza por que sean a ti distintos,
que no te derrumben las sombras del tedio
y de los sueños mal pensados.
No ames países, enamórate de todos lugares
y de las personas que los hacen florecer,
los que te acompañaron y acompañan,
los que te acompañarán, puede que siempre.

No es el dónde o el qué,
ni siquiera importa tanto el cómo o el cuándo,
es el con quién,
el santo verse reflejado en las miradas
que nos sobrepasan crepitantes.
No es tu país, efímero,
artificial, cosido al pasado,
es quién conoces y con quién vives,
son tus recuerdos que avivan la sensación
de sentirte vivo entre los vivos.

No adores entelequias aprendidas,
busca realidades del sentido y la presencia,
convéncete de que no hay más hogar que el que tú,
sentido y rítmico, te inventas y creas,
que no hay más personas que las que conoces,
las que describes, las que recuerdas,
con las que sufres y con las que revives.
Convéncete, que no hay banderas,
sólo la gente, sólo la piel de tu existencia,
inflamada en las venas de los otros.


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