No es un recuerdo,
es más.
No es un mera imagen,
un fotograma sin más
al pie de una escena borrosa,
quemada por el tiempo;
es más.
No es un recuerdo,
son más que formas y olores,
son más que las voces o las risas
que guardas con celo
en las profundidades más superficiales de la memoria.
Es más que la verdad de recordar,
es guardar la sensación perdida
como si no hubiera tierra,
como si no lo cubrieran
cósmicos abismos de olvido y remiendo.
Es más.
Es la memoria incendiada por un gesto,
una tarde a media luz,
el olor de la noche y las cenas,
un grito y dos niños que se recogen,
la hierba húmeda
y el barro que guarda
todas las esencias del verano;
y las libera, con cuidado,
para que iluminen cuando no haya aromas,
cuando no haya lunas
que nos cuelguen ebrios de tiempo.

Es más.
Son el humus de la vida,
la potencia y el acto de vivirse,
las hebras del verano que envuelve el mundo
con la fina pátina
del momento preciso,
de la libre mirada,
del tacto medido pero ardiente,
de la caricia y el beso…
Es la vida por vivirse,
la idea peregrina de quererse,
¡y todos los sentidos!

 

Imagen por: Karasu56

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