Ahora que tus patas, ya renqueantes,
no buscan el ritmo de las carreras;
ahora que con gesto calmo miras
sin curiosidad a los paseantes.

Ahora que gris pintan las variantes
y en tus pausas se demuestran las formas
de la edad y sus ramas angulosas;
hoy que, con pena, atisbamos finales:

no importa nada, ni la juventud,
ni los años pasados, ni tu ausente
ladrido, ni tus rincones enfermos;

no importa porque no hubo solitud,
que estuviste cerca, vivo siempre,
que estuviste siempre, ya nos veremos.


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