Ni un minuto.
Ni una foto escasa,
ni la parte dañada
del corazón
en nocturnidades
escandido.
Ni el olor rosa
de una piel
contra la otra.
Ni un sonido
de voz,
sin rugidos
ni mordiscos
que acampen
en las praderas
de las viejas
noches demolidas.

Nada.

Ni la sombra
de tus escorzos
reptilianos
en el contraluz
de los secretos.
Ni tu brusco
rasgueo en las palabras,
como de profundo,
emergente
y flotante.
Ni unas medias,
un vestido,
algo escrito y roto,
colores ocultos
entre los mundos
que labios ya no guardan.

Nada,
ni tus ojos criminales,
ni una sola línea
abozalada,
empedernidos
en la anomia
y la resolución,
como los bordes
de una herida abierta
imposible de cerrar.
Ni la marca
de unos dientes.

Imagen por: ssuunnddeeww

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