El metro me ha dolido hoy
más que otras veces,
y la tristeza que acumulan todas las caras
se me ha clavado entre los ojos
y el dolor de cabeza, y la amargura,
y el hormigueo en las puntas de los dedos
me durarán todo el día,
quizá más,
y bajarán hasta el estómago
y se recogerán en el fondo limoso
de todos los demás días,
agotando músculos y palabras.


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