Tú, que gritas, tú que rabias,
que crees que tu verdad
es la sola, la triunfante,
la única: tú y solo más…

Tú, con palabras de espuma,
que no sabes escuchar,
que de la zafia marea
has crecido tu pensar.

Tú, que has entregado el mundo,
tus dibujos más humanos,
que te engrescas en la nada
de quien se cortó las manos

para no ver ni tocar,
para vivir atrofiados
en las miasmas de los ismos,
por los que ya nos matamos.

Estúpido, tú, que ves
la tierra eterna contenida
en tu ignorante mirada,
tú, que la crees vendida,

que del progreso te vistes,
y en tus ideas manidas
cierras razón y futuro,
olvidando tierra y vida.

Estúpido, tú, los otros,
que a palos solo se entienden,
que hablan de paz con las sombras
y en la sangre se confunden;

choque de trenes obtusos;
choque de bocas deformes,
interesados traidores,
retorcidos gobernantes.

Y tú, y tú, y tú, y tú, y tú, y tú,
clamáis, adoráis, creéis,
bebéis calientes mentiras,
y a su lengua os sometéis,

Y tú, y tú, y tú, y tú, y tú, y tú,
no pensáis, no os empeñáis
en saber qué hay tras los dulces
cantos en los que os crecéis.

Que detrás estará el mundo,
esperando tras los ismos:
el nacionalismo ralo,
el inaudito racismo,

del que todos descendemos,
el idiota patriotismo,
con sus resecos patrones,
detrás siempre habrá lo mismo:

la humanidad, sin barreras,
calmada sobre la tierra
ni fronteras ni ideales,
la visión de las estrellas,

el universo hacia ti
descendiendo en torrenteras,
y tu impasible, pequeño,
sobre tu grano de arena.


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