Zurcir el encuentro,
vetas de azul;
pulir en brillo de sal
la piel del momento;
sumergirse en el blanco
remoto de la laguna
que abriga el rosa de la ficción;
retornar al clamor sordo
en la lucha por el agua;
sorber con fruición
las largas noches de aliento;
empecinarse en fundir
los sentidos con la espesa
soledad de la negrura;
no ver, pero admirar;
no saber, pero conocer;
no dejar, pero dejarse llevar
hasta el último escalón,
y quebrarse entonces,
dejar que cada gemido
triture en polvo
el extremo transparente
de las pasiones;
mirarse al fin…

 

Imagen por: pederdingo.

 


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