¿Y por qué no dejarnos?
¿Sabes lo que es vivir sin alarmas?
¿Sabes lo que es un día sin horas?
¿Y la realidad de disfrutar la mañana,
o el sueño entero hasta agotarse,
o la tarde por la tarde,
o la noche pretiriendo a la mañana?
¿Hemos probado a no contar la semana,
a no darle días a los dioses?
¿Y por qué no dejarnos, del todo?
¿Por qué trabajas?
¿Hay algo que exceda
la urticante mentira de la ambición?
¿Por qué ocho, diez, doce o catorce horas?
¿Por qué cinco días, o seis, enteros, o más?
¿Por qué unos oscuros y estragados
veinte cochinas días?
¿Y por qué no dejar de pensar en todo, siempre?
¿Sabes lo que es no encontrar nada?
¿Sabes lo que es la nada?
¿Sabes lo que es…?
¿Sabes…?
¿Sabes cómo encontrar?
¿Y por qué no dejarnos?
¿Y por qué no bañarnos en el lago cada mañana,
viendo crecer las judías?
¿Por qué no aprender a vivir con menos?
¿Por qué no (re)aprender a compartir más?
¿Por qué no ser más teniendo menos?
¿Por qué no recuperar las viejas pasiones?
¿Y por qué no dejarlo todo y largarnos sin más?
¿Por qué no retirarnos vencidos, qué más da?

Dime,
te lo estoy preguntando,
¿no lo ves?


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