Qué domingo tan raro
que hasta agradezco el frío
de la misma curva del frío.
Del rincón en cada recuerdo.
respirar, la hierba, la montaña,
la humedad de la noche
casi del verano, silencioso,
titilante a la espera;
sabe que se perdió su infancia,
que abrasará de nuevo otras cimas,
cambiantes se acicalan,
se llenan de pasos extraños, nuevos…
Qué domingo tan raro
en la piedra, sentado,
viendo pasar la calma
de los viejos paseantes,
y sorber de los grillos,
¿los oyes?
Son como siempre,
animados, sonrientes,
algo ladinos,
aunque todo cambie,
hasta el raso convulsionar
del cielo al apagarse,
al volverse otro,
más lobuno,
en los sonidos de la noche.
Son familiares,
un fondo de microondas
que marca el camino,
un origen si lo hubo.

Qué domingo tan raro,
pegarme cuerpo a cuerpo
con la melancolía,
contándole al suelo los latidos,
abrigándome en el frío…
Qué quedará de nosotros
en estos suelos,
en la arena del camino,
¿seguirán cantando los grillos?
¿reclamará nuestra piel el frío?

Por ahora, no,
hoy sienta bien
aun en domingo,
con todo lo raro,
el someterse, piel con piel,
al frío en la curva del frío.


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