Voy tomando los nombres,
voy sorbiendo las caras,
amanso mis silencios
en futuras venganzas.

Venganza, de sabor dulce,
de ríos que no se olvidan,
de olores que no caducan,
marea que se traduce
en paz de la que seduce,
de la que el sentido olvida
en su memoria reñida
con la fiebre de la tierra
a los pies de un sol que aterra,
cobraré la contraída.

Venganza en lista de nombres
reseca por los deshechos
del rugido contrahecho
mal guiado en pesadumbres;
venas que al fuego vislumbres
prendidas y al diente presto,
nada quedará del resto:
cobraré la deuda vieja,
no olvidaré lo que deja,
volveré de sol funesto.

Venganza que guardo fresca
para que el óxido rojo
no altere el proteico arrojo
y conserve mano presta,
la palabra siempre enhiesta
frente a filfas metalosas,
y las formas montañosas
de coriáceos principios,
hartas de vuestros cronopios,
hábiles, crueles, rabiosas…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *