Apenas abría los ojos,
perezoso,
y ya querría haber tenido
la suerte de tu bohemia,
el valor de tus pasos,
la fuerza de tu vida.
Querría haber tenido
la profundidad de tus
manos de tejedor,
pero embarrancado
en las costas del principio
soñando tus mundos,
alabando la rabia
inalcanzable de tu
año glorioso,
de tus océanos salvajes.




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