Un día lo vi

por Somnoliento

Un día creí que escribía,
pero al día siguiente,
un poco más gris,
me vi de nuevo lejos de las palabras
que un día, pensé, salieron de mí.
Un día soñé que escribía,
no sin propósito,
no sin concierto,
un día soñé que lo hacía
por algo más que desahogar
la marea de ideas y pasiones
que atribulaban mi alma;
un día soñé, pero luego morí.
Un día me puse a escribir
y no paré,
pero fue sólo la bruma
que cegó mis ojos,
que me evitó contemplar,
durante al menos tres suspiros,
la verdad de lo que me rodeaba,
la verdad de una vida fútil
enfrentada a mis letras,
enfrentada a todas
esas ideas y pasiones,
a esas frases, rimas y palabras,
que siempre atribulan mi alma;
entonces, dejé de escribir.

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