Libres, Poesía

Vivir

Solías darme miedo,
el miedo del que teme crecer demasiado deprisa,
demasiado pronto.
Solías darme miedo,
con tu mirada oscura y ese tacto frío,
el hielo de lo desconocido.
Solía darme miedo el infinito,
el confín desconocido
del negro triste.
Solías darme miedo pero luego me acostumbré,
y llegué a buscarte,
llegué a llamarte a gritos, mirando al cielo.
Solía quererte, solía pretender que llegabas,
sólo para mí, no para los demás,
no soporté tu roce en los demás.
Solía esperarte, hasta pensar en salir yo mismo
y encontrarte como último sentido,
como único y posible fin.
Solía odiarte, pero luego te quise,
solía quererte, demasiado, alocadamente.
Solía verte de muchas maneras
hasta que vi como eras,
en tu delgada e infinita plenitud,
sentido de todo lo que nos rodea,
sentido de lo que somos.
Solía temerte, pero ya no.
Solía buscarte, pero ya no.
Ahora simplemente te espero,
no te temo,
sé que llegarás,
pero no saldré a por ti,
haré lo que me pides,
todo lo haré:
viviré sin más,
hasta que en tus manos,
irredentas, invencibles,
me lleves lejano e incierto.

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