Sé libre,
aunque me quieras.
Yo te quiero libre.
Sé tan líquida
como te dé la tierra.
No me mires solo,
ni únicos,
no desesperes,
por amor se vive,
pero solo libre, tú vives,
respetando; respetándote.
Creciendo; creciéndote
en tus ideas y espacios,
en el solos y en el todos,
en el juntos, si tú quieres,
pero libres…

Nadie te mandará nunca,
a nadie que no te dio le debes,
nada,
ni la casualidad extática
de sentirse querido,
de verse reflejado,
a nadie perteneces,
no aguantes,
no dejes dejes de ser tú misma
ni cuando te amen.

Quiere, y sin locura,
no des la vida ni el alma.
Quiere, contigo la primera.
Quiéreme,
pero no más que, lo que quererte,
yo te quiero.

Sé libre,
sé si amas, sin locura,
cuando bebas,
que nadie opine,
a nadie importa,
cómete a quién quieras,
empezando por la risa;
vive,
que morirás, después,
tarde, lejos; seguro…
Y revive, cuando quieras,
¡hazlo!

Lo harás,
serás tan libre como quieras,
tanto como ya naciste.
Que no te debes nada,
sólo la alegría,
que no hay dueños ni dioses,
sólo eres, tienes, recordarás
lo que decidir viviste.
Libre, siempre,
sola o acompañada;
tú, siempre,
construida y sólida,
flexible, dulce,
terrible y grande,
tormentosa y en calma.
Tú. Libre. Tuya. Siempre.

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