Profesional

por Somnoliento

Nacen los días solos,
sin nada más que el torcido
y enteco apero del profesional,
del ente incorporeo,
frágil, voluble,
gelatinoso, manso,
gomoso, renco,
que de las mañanas surge
decidido al pienso general
de la mano trajeada.
Nacen los días ya muertos
y nos hablan desde la tumba
verde de la noche:
cántanos en tu paso falto
de vida y ritmo,
cántanos en la prisión del tedio,
haz de nuestro recuerdo
cruel memoria de tu cobarde,
fácil pasado,
que del presente rancio,
merecido te vivas;
mataste nuestros hijos
que en tus ojos nacían,
dejaste perder las bovinas
de sangre y saliva,
fuente de la membrana
que aún extendías
de cara a la lluvia,
sin miedo.
Nacen los días negros,
estragados de la arcilla
maloliente del dinero,
ahogan al corpóreo,
firme amigo del propósito
y el principio de vida solo.
Nacen los días cada vez más lentos,
esperando que la matanza se acabe
en el encuentro final
de la muerte de los últimos sueños.

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