Noche de mundos:
noche de Madrid,
noche de cambios,
noche de bares,
noche de reyes,
noche de sobresaltos,
noche de bohemios,
noche de ordenados,
de locos estructurados,
de santos tarados incomprensibles.
Noche efusiva,
milimétrica expansiva,
inclusiva y democrática,
absolutista cantada,
prognata de alcazares
en calles retuertas;
noche de calmas y negruras,
noches de besos
secretos y prohibidos,
abiertos, grandes, inesperados,
mordiscos graves,
gravísimas pulsiones.
Noche de colores,
de sexo imaginado,
inaprensible,
escondido, portaloide,
fácil, múltiple, querido,
escueto, largo, fosco,
frío, tórrido, suave, dulce,
sexo por sexo
y por la noche sexo,
entre las lomas de tus
inescrutables sexualidades
esquivas.
Noche de desorden,
de bronca, grito, lloro,
y vuelta a empezar la noche.
Noche de despedidas
iniciales en las turbias
discrepancias de la absenta
ignífuga y proscrita.
Noches de una nueva visión
antes de la vía láctea,
y acabar encerrados con el perro
del barco al tupperware.
Noches de mañanas
y mas cañas, y churros,
y cañas, y bocadillos
de gallinejas, y callos,
y oreja de mañana,
de mañanas
tardes, tardes tarde,
¡muerte al sueño!
Y volver a volver
que nos asiste de nuevo la noche.
Noches de todos.
Noches de mundos:
noches,
noches con mala
noche,
corregidoras de la saña,
noches,
noches,
santas noches de Madrid.

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