No he sido alto,
por debajo de la media más bien.
No he sido fuerte,
nada parecido a un ideal.
No soy muy listo,
mucho menos de lo que creo.
No hago nada especialmente bien,
salvo quizá el no hacer nada
y el mirar con lo ojos a los que todo se pudre.
Soy lo que soy,
más bien poco,
más bien tirando a nada,
sumiso e inevitable postulante del tedio
y el sin fin de la mediocridad.
Hacia allí me encamino tranquilo,
hacia las mil y una muertes
del seso despierto y vivo,
recorriendo el sendero de quiénes
nos reconocemos en hacer del silencio,
de la humildad silenciosa,
refugio del llanto y la espera,
eterna espera de pasar descalzos,
a pesar de los cristales,
a pesar de las agujas
que nos van dejando
los que antes pasaron.
No soy nada,
más bien tirando a muerte,
como todos,
pero un poco más gris,
recocido,
por no encontrar ni música
ni el mínimo sentido.
No he sido nada
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