A Ignacio Echeverría, el más humano de todos

Gracias.
Gracias por todo,
pero por tu vida, sobre todo;
tu vida hasta ahora
y la que has dado sin pensar.
Gracias.
Gracias por hacernos ver
de otra manera tanta muerte,
tanto descontrol,
tanto salvajismo,
tanto odio.
Gracias.
Gracias por enseñarnos
que seguimos siendo humanos,
sobre todo tú,
el más humano de todos.
Gracias.
Gracias porque hoy todo el mundo dice lo mismo:
“no le conocía, pero es como si le conociera”;
que has unido a todos,
que te has hecho presente en todos,
nos has hecho pensar a todos,
nos has hecho llorar,
nos has hundido en la pena
al saber que, finalmente,
tu esfuerzo, tan humano,
tan sobradamente humano,
que tu coraje sin fisuras
no fue recompensado
con todo el tiempo que,
seguro,
aún te quedaba por vivir.
Gracias.
Gracias por la pena,
que nos ha hecho saber,
que nos ha hecho navegar
por los más profundos rincones
de nuestra propia humanidad:
“¿hubiera hecho lo mismo?
¿Sería yo como Ignacio?
Debía serlo, deberé serlo,
quiero ser como él,
aunque me cueste, injustamente,
horrible, mi vida…”,
hoy pensamos,
al mirarte en las fotos,
sonriente, a pesar de todo…
Gracias.
Gracias por la vida,
por esa enorme, valiente
y luminosa vida que has dado,
seguro que sin pensar,
seguro que sin oír lo de héroe
en tus oídos;
que lo eres, y mucho,
y muy grande,
que eres todo lo que muy pocos han sido;
pero por encima de eso,
por encima de los héroes,
te alzas,
con ese monopatín,
más humano que nadie,
el más humano de todos.
Gracias.
Gracias porque, gracias a ti,
desafortunadamente por culpa
de tu muerte inexplicable y repentina,
has hecho que no todo sea miedo y horror,
que no todo sea negro
en un futuro aterrador.

No puedo entender la pena
que hoy sentirán tus padres y hermanos,
tus amigos, todos los que te conocieron,
no puedo ni imaginar la falta
que hoy encuentran en todos las miradas,
en cada pensamiento,
en el vacío al ver tu foto
en cada noticia,
en cada periódico;
pero puedo acompañarles,
puedo decirles que les damos las gracias,
como a ti,
que no están solos,
por haberte hecho como has sido,
por compartirte,
por quererte,
porque de ti no se extinga nunca
la llama de un recuerdo esperanzador,
a pesar de todo el duelo,
que hoy,
hasta los que nunca te hubiéramos conocido,
sentimos hondo, muy hondo,
rasgando en las entrañas
de lo que de verdad somos.

Gracias.
Gracias, Ignacio,
gracias por ser,
como ha dicho mi madre,
bueno, simplemente:
valiente, desinteresado,
fuerte, rápido, humano,
pero sobre todo y ante todo,
tan brutalmente bueno.

Imagen por: JM Nieto


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