Te miré los días justos que no me veías.
Te escribí los silencios que nunca pensé en darte.
Te anudé la boca al pecho sin voz que mojarte.
Te hablé donde antes nadie se hablaba ni sabía.
Te cogí cuando el agua nos bañaba y crujía.
Te sentí a oscuras, al despertar de la escalera.
Te esperé en la risa hasta cubrirme de maleza.
Te toqué invisible, entre tus luces transparentes.
Te grité que pararas, y yo quise perderte.
No supe volver, y olvidé el río de tus grietas.

Nos sorbimos veteados, de oro en la penumbra,
pero se me aguaron pocas las gotas de arena.

 

Imagen por: cblue

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