Me ha pasado,
lo perjuro,
que cuando te despedía,
de una vez por todas,
vela de la locura
al único contraluz
que me sujetaba a la vida,
ha sonado esa canción,
la tormenta, la que no grita,
pero como si lo hiciera,
y se ha revuelto
contra todo,
y lo ha revuelto todo
contra las fuerzas
discordantes
de la ventisca y el olvido.
Y he estado a punto
de no ceder,
de no esperar,
de no querer decir
que todo se acaba
y que en esta vida
hay que volverse cuerdos,
rectos, rancios y formales.

He estado a punto
y desde dentro
me han surgido
escandidos
los tentáculos de la victoria,
como un águila azul,
levantándome al cielo,
sobrevolando
todos esos futuros
aún posibles,
siempre brillantes y sombríos;
he visto crecer tu luz
y la negrura detrás;
he estado a punto de creer
que volvía y que,
locos como los labios locos,
aún podía sujetar,
anclado a la tierra,
las facetas aladas de la locura.

 

Imagen por: stefano-coltelli


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