Estirada, o estirándote,
sombra en tus pechos encendidos
contra la ventana entreabierta
de un Madrid neblinoso,
puede que hasta fuera frío;
tu Madrid,
tu piel blanca, transparente
contra la bruma filtrándose
entre los pliegues de la memoria,
sonreías, creo, yo solo miraba,
tu cuerpo estirado, o estirándose,
tus pechos elevados,
tu cuerpo casi perfecto,
solo el blanco de tus bragas
semitransparentes,
destacándose en tu escorzo
de madrugada despiertos,
oliendo todavía a sudor,
al dulzón extracto de las caricias,
de los lametones y los besos,
de las embestidas mutuas e imprevistas,
el olor líquido de saber a otro,
de tú saber a mí,
de yo saber a ti,
de todavía estudiar los rincones
de todos esos, tus sabores.
Tu cuerpo a contraluz,
como un púlsar en mitad
de ese universo desconocido,
el que nunca me atreví a cruzar,
porque me dieron miedo esas luces,
porque preferí quedarme en su contra,
descrito en tus recuerdos,
viviendo en mi memoria infiel.
Estirada
a contraluz | contraluz | nocturnidades | tyf
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