Soy solo el crononauta enmarañado
por su memoria en todos los momentos,
como en un revivir de tiempo fluido,
ondulando vivo entre el esperpento.

Nunca hay presente que valga un segundo
de estático, recogido sarmiento,
no hay vida en los instantes que no quedan,
solo el pasado de un futuro al viento.

Recorro y remato cada sendero
que un día tracé y olvidé dejarme,
en los pantanos de la madurez
infantil luz viene a borbotearme

frente a las sombras del hombre dichoso,
adulto profesional del sentarme
a esperar las ideas que no surgen,
ficciones por no acabar de olvidarme.

Imagino como desde la sangre,
creo y modelo, visito finales,
opero del principio las raíces,
sustituyo como aire los colores

que sugieren los oráculos ciegos,
y hago para mí mundos inerciales
a velocidades de lo imposible,
bultos propios supradimensionales.

No hago más que viajar en la corriente
del líquido en mi cauce preservado,
plasma a temperatura primordial,
desde el primer recuerdo condensado;

no soy más que la imagen nebulosa
repitiéndose imprecisa en vedados
caminos de silencio inaprensible,
incapaz de sentarse en lo esperado.

No soy más que el crononauta extasiado
por ver todos los tactos repetidos,
las manadas lupinas desollando,
los besos en sus noches encendidos.

Nunca seré de lo que no se sueña,
porque no soy más que el sueño expandido
de mis colisiones elementales,
vibraciones de todos mis sentidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *