Es duro no verse todos,
es muy duro ya no olerse
los sudores de la noche,
no poder ni despedirse.

En mañanas cabezudas
de gaseosos lacustres;
qué dura es la dispersión
en la vida por ganarse.

Cuántas las noches ahora,
que ya no sobran las músicas,
cuántas las noches de entonces
sin el hambre de hoy palúdica,

Sin falta de tiempo y caras,
sin rutinas metalúrgicas,
cuantos ayer sin tristezas
en la piel de manos rústicas.

Ansia de lo irreversible,
que hoy partimos como esclavos
a buscar como las moscas
futuros que nos negaron,

Y nos quedamos en tierras
de lo frío y lo lejano,
y hacemos lo que vinimos,
echando un ancla al pasado.

Qué duro que sean cuatro
textos, secas dos llamadas,
una voz perdida, ausencia
del no aburrirse en miradas,

qué rabia no cantar juntos
ebrios Himnos en la helada,
desnudos con los abejas
entregarse a la montaña.

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