Esa brisa nocturna
como tela de araña
bajo un fondo en ciudad
traslúcida y medieval
se encarama a a la grieta
de ventana raída,
ahuyentando humedades
y el aire opaco y crudo
que nos dejan los días
lentos, grises, regados,
sombras de soles brunos,
nubes deshilachadas,
gruesas filamentosas
que solo nos reflejan,
que todo lo recubren,
que nada les escapa.
Me encaramo a la noche
en claridad impía
del norte al sur de esta isla
barrida en el asfalto,
sin silencio, sin sed,
solo apócrifas luces
cuarteando el ladrillo
sucio de sus fachadas.
Pocos valientes quedan
en este mundo duro,
malo de sobriedades,
dioses reencontrados
murmuran y teclean
grises tras los cristales,
como último valiente
me asomo a la ventana
vieja madera vieja,
como si para siempre,
contemplando la noche
exhausta, desde fuera,
como sin un día, ver,
como si a volver, no hubiera.
Como si a volver, no hubiera
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