por M.Bardulia | Ago 26, 2019 | Poesía, Libres

Amor Triangular

Esto es un poema de amor
solo esta vez,
una vez,
me contengo y no te lo hago a ti,
o no solo a ti,
o no por ti,
o también a ti,
porque al fondo de todo
estás siempre,
haga lo que pueda,
pueda lo que vuele
y retiemble.
Pero este no es solo para ti,
ni para el verano acaparador,
perfecto,
aunque sea él quien contenga
casi todo en esta ilación
de versos sin escandir,
apenas por cocer.
Este es un poema de amor
sin ninguna rima ni métrica,
como hacen esos poetas de ahora,
que todo lo exprimen,
que todo lo riman con su vida,
que todo lo almohadillan.
Este es un poema de amor,
contigo también,
contenida,
pero multitudinario,
profundo, sexual, disparatado,
febril y enmelancolizado
de noches desde hace treinta años.
Es este el poema del amor Triangular,
triangulado y expandido,
relacionado a tres lados y entremetido,
hiperpoblado de sonrisas
y en una extensión inusitada
e hiperbólica de 
momentos que explotar
en la memoria de todos los tiempos,
venidos y por venir,
ocurridos y por inventar.

Es esto un derramarse de sentido
y sentimiento,
y ebriedades de césped fresco,
y motivos de agua helada,
y montañas recrecidas,
y cuerpos y pieles y dientes,
y un balón,
y pelotas de tenis,
y una extraña,
pero potente,
tendencia innata
por hablarse y entenderse;
una fuerza oscura e inexplicable
por empeñarse en quererse,
y juntarse, y refugiarse.
Es este mi lamento y mi energía,
potencia de vida y de lengua,
porque no somos todos,
siempre,
no ya siempre, todos;
pero lo somos,
porque no estamos siempre,
pero somos todos,
y estamos,
y de lejos,
y os echo de menos,
tanto
como me paro a admirar
las muchas luces
que nos hemos visto detrás de las orejas;
tanto
como os recuerdo
y repaso cada segundo
y cada hoja vieja y grana
de los ciruelos todavía en crecimiento.

Esto es un canto a la suerte
de haber llegado a estar
justo en el momento justo,
preciso en en el mismo imposible,
estrábico e impredecible,
universal instante de coincidir
y conocerse.
Es esta mi declaración formal
de amor iracundo y sobrado,
perpetuo e infinito,
hasta más allá de los abismos
donde habitan los antiguos
y los colores se nos caen del cielo,
por todos los que
en esa forma triangulada perfecta,
de cerca o de lejos,
enmaderada,
a veces y a veces más,
de alguna forma
por muy húmeda o seca que fuera,
noche, mañana,
madrugada o churrería,
hemos sabido siempre
disfrutar el verano
como sagrado lo que es,
como venerable,
como infinito,
como solo,
aunque solo tuviéramos
el minuto de una tarde gris,
la inestimable beatitud
de una noche efímera a ras de cielo,
casi sin tiempo a quitarnos
la arena cubierta de ropa.

Es este mi homenaje crecido y cerrado,
mi agradecimiento eterno.
Esto es mi amor,
tan profundo como verde y rosa,
por todas y todos,
insensatos,
por nosotros,
que seguimos creyendo en la vida
a la sombra del dragón,
en los brazos trenzados de Teo.

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