Cada vez que me toca escucharte o leerte,
cada vez que me tengo que comer y tragar
tus ideologías con salsa de ignorante,
que me encuentro rumiando tus diestras y siniestras.
Cada que vez que tengo que soportar el tedio
de tu voz revenida y tus ideas secas
cobardes heredades, esputos infantiles,
incultas secreciones de tu alma espeluznada.
Cada vez que me tengo que corroer la vida
y las lecturas, viajes, amores y las letras,
por no herir tu corazón de cartón y piedra,
tu mirada de niño, tus osamenta de anciano.
Cada vez que me esperan tu moral doctrinaria
y la fingida fuerza de tu miedo altanero,
cada vez que defiendes tu muerte, lado y raza,
tu color, tu partido, tu existencia contraria,
no encuentro más respuesta, más refugio, más horas,
más destino y sentido, más posibilidad,
más visión más humedad, más silencio vivo,
más camino, más vida, más nalguda acrobacia;
no encuentro más remedio que, apenas casi vivo,
lanzarme como fiera a engullir poesías,
a consumirlas frías, a devorarlas vivas,
a esconderme sediento bajo Itacas y rimas.
Cada vez que os escucho, amigos del extremo,
cada vez que os extremáis, tensando el extremo.
cada vez os abonáis al vacío extremo,
yo muero, callo, sueño; yo juego, escribo y amo.