Esa música,
como de carne,
esa música,
como de agujas en la carne,
agujas cálidas,
agujas de tu sangre.
Esa música
y cada vez que suena
y resuena,
fuera y de lejos,
rompiendo la pintada
correspondencia de la luz,
desarmando y disolviendo
todas las sombras potenciales.
Esa música
que revuelve el mundo
y hace que todo se mezcle
en un torbellino
en lo que nada se ve,
en lo que todo es
como era o como debiera,
como quisiéramos que fuera.
Esa música,
el ruido,
las uñas rompiéndose
en cristales facetados,
los labios sellados
abiertos derramándose,
el aire,
al aire, al aire de la calle,
al aire y al contraluz
de las mañanas desiertas,
sin nada más
que escapar, otra vez,
fugarse entre los esquistos
que van cerrando el futuro,
plegándose sobre las verdades
que no queremos.
¡Qué vuelva,
que vuelva esa música!
Al aire, al aire de la calle
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