A Pablo Gutiérrez, por admirarle lo escrito, no siempre lo dicho.

 

Lo malo y lo tenue, y lo empantanado,
lo triste y lo fácil, lo simple y lógico,
lo mullido y roto, despernancado,
”chungo” para escribirme lo que sea,
según dicen, los nuevos dogmas marcan,
los barriles, barriles y barriles
de nostalgia que me bruñen y abundan,
lo malo y lo fácil, lo “chungo” es que hoy
son un mal esperpento, una barrera
que no sirve, no calienta ni rima,
que no escribe ni sirve, que distancia,
compasión que le dicen, lo social,
la dureza, lo agudo de inventar
la muerte, el sexo íngrimo de los dientes
sobre la sangre rota y negra muerte.

Lo malo, lo imposible destazado,
lo sencillo, lo que supura y gime,
lo que queda, aun con heridas costrosas,
lo chungo y lo que escribe, aunque me duela,
es que no me queda otra relación
que la de mis lóbulos y neuronas,
errores y dolores, estertores
y lamentos de crujidos y alientos
en las miradas de los tiempos buenos,
lo malo y “chungo” aún por escribir,
supersimetría de la memoria,
nostalgia de músculos y de venas.
Lo malo es alejarse tanto que
a uno le entre la sordera y el ciego
y acabe vomitando jerarquías
diminutas, moribundas de ventas,
escandidos tras letras de oscuridad y sangre.

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