Hemos estado lejos, cerca y más,
y más lejos, también, mucho si cuento
las salidas de nudos y fronteras
al borde temblequeante del sueño;
no he estado en todas partes: decía
nadie, nunca; pero he pasado frío,
y calor, y soberbias rojas lágrimas,
y sabores de regusto castálico;
formas y lloros, temblor y estupores,
en ocasiones, profundos y alados.

Y tengo la rara seguridad,
la covicción de múltiple certeza,
creo a pies de ira y asperosidad,
en el magma de ese silencio cárstico
que se comen renqueantes los gritos
cuando perdemos razón y sentido,
que entre todos los hombres y mujeres
no existe, no ves, mayor diferencia
que esa microscópica mancha oscura,
invisible e intocable, irreal,
enterrada bajo el segundo párpado
izquierdo o derecho, el mismo que se abre
dormido, cuando la tierra supura,
gimiendo como anhelo de gusano.

Y que con todas las manos y pies,
descarnados inversos deseados,
primarios, seamos quiénes seamos,
cuántos seamos, cómo nos veamos,
tentáculos o piel, sumamos siempre
en humedades, nos encontraremos,
rumiantes férvidos, súcubos e íncubos,
santísimos somnolientos…


Also published on Medium.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *