Libres, Poesía

Sé que sé

Sé que sé de esto,
de tropezar para volver a escurrirme
entre tus dedos,
como tú de los míos…

Sé que sé de evitar
las fusiones solares internas
que solo parecen querer apagarnos
entre las muchas voces
y los gritos,
los gritos de la sangre irremediable.

Sé que sé mirarte desde lejos,
desde muy lejos,
desde otras dimensiones,
incluso las más pequeñas,
incluso esas que se abren
como agujeros diminutos
en la espuma azul brillante
por debajo de elongadas longitudes.

Sé que sé encontrarte
bajo el latido plateado
de la hierba mojada,
las noches que volabas sobre ella,
con el mar al fondo,
cambiante de vientos
en la punta del eterno sur,
cuesta abajo, cuesta abajo,
sin más propósito que llegar
y volcarnos cuesta abajo.

Sé que sé que estás,
susurrante,
hasta en las sombras cinguladas
que bailan dueñas, pulsátiles,
cuando el corazón camina herido,
buscando espinas.

Sé que somos
como una fibra ululante,
a través del mundo,
piel a piel,
hoja a hoja;
sé que estamos de pie,
mirándonos,
y que seguimos,
aunque la noche querida sea negra
y el día, empeñado,
retorne en sus quejidos,
compañeros inseguros.


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