Libres, Poesía

Escribírnoslas

Yo, como ella,
tampoco sé decir las cosas,
soy más de escribirlas,
y es así cómo,
que me entiendo
y me siento
y me encuentro
y me veo,
que a veces ni eso,
pocas,
escribiendo.

Si no lo escribo
queda colgando
en los límites vacíos
de unas palabras ralas, aún por secar,
como demasiada emoción,
emoción primera,
contenida y expansiva,
que arde, casi siempre,
y que no es ni tan bella,
ni tan requerida,
porque al corazón
se le ha escapado sin respirar.

Yo, como ella,
tengo que pasármelo en papel,
repasarme el tiempo
y comerme las costuras
de lo pensado,
de lo tocado,
de lo que, habiendo masticado,
pasa de otra forma,
como batido por piedras húmedas,
de esas pequeñas
que parece que acarician,
que filtran sin decir,
mirándote en silencio.

Yo, como ella,
si no escribo, adormezco,
camino imsone,
tropiezo inane,
hambriento repito errores y voces
al rebufo de lo que no entiendo,
y por dentro se me revuelven
las ideas que no traslado,
los sentimientos que me tiemblan en los labios;
que si no las pierdo
en la vorágine encendida
de (no) decirnos las cosas,
cuando, bien, colmadas,
bien enramadas,
podemos escribírnoslas.

 


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