Quiero ser libre,
libre, por encima de todo
para dejarme pensar;
libre, por lo menos,
para refugiar en el sueño
las furias del día
y poder deletrear el amor
como yo quiera,
y pasar tiempo inútil
en las junglas de lo sensible,
de lo que tocamos y bebemos,
reírnos como si fuera mañana,
y ayer desabrido, cambiado,
impenitente.

Quiero ser libre
para recorrer en
naves fenicias
los rincones de las
mil personas que me habitan
y encalabrinan;
libre para ser como no me dejen,
y explotar como un ráfaga de viento,
despellejarme al céfiro
todas las ilusiones,
empezando por la tontería,
sobre todo las tonterías
y los comienzos perdidos,
y los errores nocturnos
erradisímos y jugosos.

Quiero ser libre para ser lo que soy:
un desencanto, una muesca,
una brizna húmeda, el calor,
la sangre del frío,
y el arrebato de sentirlo todo,
tanto,
que brote el dolor
desde los huesos.

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