¿Has oído el rugir del mundo cuando
la tarde cae dormida entre rojos
oleajes y el azul que se llora
antes de engullir la noche sus ojos?

Cómo hierven las nubes, cómo resudan,
cómo sufren del día los enojos
cuando toca abrir camino a la sombra
y en el aire todo huele a tallos rotos.

Qué hay de la tarde efímera y partida
en sus últimas penas, en sus gritos,
qué hay de la humedad que todo lo reina,
qué hay del color lancinante y esquivo.

¿Oyes cerrarse púrpuras las flores
en el estruendo salaz del olvido,
creciendo magra la nota al silencio
que anuncia ya terrible el conticinio?

Sobre el mar blanca brilla todavía,
esperando, sorbiéndose, rumiando
de la negrura sus alas torcidas,
a un palmo del suelo, recuperando,

anunciando que no pasarás sola
la última de las horas acechando,
que no tendrá que crujir al mirarla
los dientes de tu rostro iluminado.


Also published on Medium.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *