Del tiempo.
De las moras que lo manchan,
indelebles.
De la corriente.
De las montañas que abrigan,
imperturbables.
Del sueño esquivo, tardío,
inaprensible.
De las puntas frías de los dedos,
en invierno,
del sino del hielo breve en la mañana,
de sus marcas en la hierba,
de la nieve y el color ocre de sus restos,
de todo lo que asoma a la luz
cuando esta llama queriendo
enseñarte las cosas que no son negras;
de eso y de las tardes verdes,
la sombra azul,
el cielo rojo,
el viento sembrado de todos los estíos;
de todo eso, hasta del llanto y la muerte,
nocturna persistente,
hasta de al amor que tiembla,
pase lo que pase,
aunque sude y se disuelva,
aunque grite,
aunque llores…
De todo lo que has visto,
de eso mamas,
hasta del pino,
¡sobre todo de los pinos!
No todo está enlodado,
aún hay aguas claras,
no hay que dejar pasar las olas de la alegría,
hay que enfrentarlas,
bravos,
no hay que huirlas,
bravos,
hay que enfrentarlas.
Bañarlas juntos,
como si fueran las últimas,
aunque fueran las últimas;
como si fueran las solas,
aunque fueran las solas.
Olas
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