No escribo sandeces

por Con Tongoy

No escribo sandeces. O no lo pretendo. O, al menos, no las mismas gilipolleces que ahora se escriben. Son otras, no por ello mejores, pero al menos no son las mismas. Esas que nos hablan de lo bonito que es ser feliz, de lo importante que es la meditación y el alimentarnos sólo con viandas recién podridas, que cayeron del árbol de forma natural, o matándonos por el camino abandonándolas por completo, volcándonos en el canibalismo. ¡Viva nuestra figura! ¡Viva la muerte! Que dijo el tuerto, ¡abajo la inteligencia! Que siguió diciendo. No, nunca he pretendido escribir listas sobre “las 4 mejores formas de masturbar a tu equino” o “Cinco cosas absurdas e insignificantes que debes hacer antes de dejar la mejor ciudad del mundo, según un montón de colgados con barba y camisa de cuadros que estuvieron dos días, y de paso”, porque creo que no hacen más que degradar el ya de por sí depauperado conocimiento de la web; y porque sé, además, profesiones que uno tiene, que todas estas imbecilidades sólo están creadas para rascarle posiciones a la todopoderosa G de afeminados colores y generar que los borregos –nosotros, queridos, nosotros– hagamos clic, visitemos, juguemos con sus métricas para saciar su voraz apetito publicitario.

No escribo sandeces, o eso espero. O, espera, sí, hemos quedado en que sí las escribo, pero al menos no son las mismas, ¿no? Al menos no tengo que enviaros fotos de mi gato o que enseñaros la última sesión de trescientas fotos de mi bebé en su primer día de playa. ¡Qué monos son! Y qué molestos… Que todo es molesto cuando en vez de abundar, inunda. Tampoco me dedico a manchaos la vida con supuestas frases de supuestos prohombres de la causa global y universal; la última ha sido ver frases de Pablo Iglesias o el mismísimo Mariano Rajoy convertidas en eslóganes para las masas. ¡Qué despropósito, por Dios! Si al menos fueran de Paulo Coelho, tendríamos algo suave con que limpiarnos el culo, pero de estos caraduras, lo que rascarán… Igualmente detestables vengan de quién vengan o pronunciara quien las pronunciase, es un maremágnum tal de incorrecciones históricas y faltas de ortografía las que achacamos a premios nobel, cineastas, escritores, científicos y celebridades en general, que se hace difícil el mantener una cierta consistencia intelectual y mínima cordura. Me dan ganas de gritar, de rasgarme la camisa y acabar con mi vida digital; si hasta llegaron a ser graciosas, interesantes… Esto de internet, últimamente, más que enseñar, desgasta. Tanta mierda junta volando, lanzándonosla unos a otros; tanto obtuso desflecándose en 140 caracteres, buscando desesperadamente un segundo de atención sin que les preocupe lo más mínimo el qué o cómo decirlo… Acabaréis por enterrarnos a todos. No jodáis, “non fotis”, que ninguna lengua se salva, ordas de desaparrados intelectuales, ¿es que no tenéis amigos a los que machacar con vuestros traumas juveniles? Asco de vida, dice, ¿no? Asco de vida de asco de vida de asco de vida, diría yo, porque si las generaciones de mediana edad estamos jodidas, no vea usted las que vienen por debajo. No sueltan la conexión así les maten. Esos sí que se comen lo que les des, y cuánto más burdo, más fácil y más corto, mejor, así pasa mejor. La grasa, la grasa, dame la grasa que si no no puedo seguir; para qué masticar si puedes engullir como un pato, ¿eh, Homer? Hasta a ti, amigo Jota, te han recortado y convertido en una pantomima… ¿Cuándo, dónde se detendrán?

¿Es una pena el mundo? No lo será por mí. Y no lo será porque la basura nos entierre en el primer mundo. El mundo es una mierda por el hambre, la guerra y el afán de todos por dar más valor al dinero y al poder que a cualquier otra cosa, por la desigualdad de la que disfrutamos, casi todos. Bueno, por eso, y por el miedo de nuestro culto urbanita a la muerte y al sufrimiento, y a no llevar una vida larga y mortalmente aburrida. Pero el mundo no es una mierda por el estado de somnolencia y sumisión al que nos somete internet y sus derivados móviles, lo que es una mierda es eso, la mierda que hacemos en Internet. Y es que, qué buen papel juega internet y sus esbirros vomitadores en todo esto de hacernos tan dóciles, tan apalancados, tan insufriblemente mórbidos en lo social. No ligue usted, que se lo damos hecho. ¿Está mal? No, pero joder, si se trata de no hablar, casi que mejor acabar pelándosela o frotándoselo, ¿no? No sé, el aquí te pillo aquí te mato está bien, ¿pero siempre? Todo pierde la gracia si lo hacemos siempre. Ah, bares, qué lugares, gratos para dejar de ir y quedarnos en casa, viendo a ver quién se presta a zurrarse la perdiz con nosotros. Qué felices son los blogueros con estas tendencias “todo digitalistas”, ahora es cuando pueden expandirse en su mundo de banalidades perfectas y consejos ultra planos, sin más sentido que el de las 150 palabras y unas faltas de ortografía que dan ganas de unirse a la yihad, a ver si así erradicamos de una vez maldita vez los “han habido” de la faz de la tierra. Dios, y digo yo, tanto cuesta meterse a un cursito o leerse un libro sobre ortografía y puntuación. Venga, que os ganáis la vida con ello, blogueros de moda, esos que marcáis tendencia, que sois lentos, limitaditos, está claro, pero podíais pagar a alguien para que os lo hiciera, yo qué sé… Y está bien, está bien (cerdo), os liáis ahí, a escribir, tenéis valor. Tenéis valor, sobre todo, por pensar que a alguien le va importar lo de tu viaje a Brasil o tus reflexiones (de mierda) sobre la actualidad, pero también por hacerlo sin más, sin tener ni puta idea de escribir o de contar nada. Y, joder, habéis tenido éxito, el mundo es vuestro, os llaman expertos, sois adalides de la cultura más absurda. Habéis ocupado el lugar de científicos, escritores, periodistas, incluso el de los frikis que cultivaron durante años su “frikez”, encerrados en su habitación, acompañados únicamente por el crujido recurrente de su acné… Sois los reyes de esta contra cultura transparente, finísima, que nos moldea y cambia, tanto como ella cambia y se moldea así misma, amorfa. ¿Qué haréis ahora que lo habéis conquistado todo? ¿Os seguiréis revolcando en la mierda de todo lo que os rodea? ¿Os habréis dado cuenta de que sólo producís excrementos, “puturrús de fua”, mierdas secas, cacas de la vaca? Supongo que no, supongo que no haréis nada, como habéis hecho siempre, sonreiréis, os quejaréis del mundo en vuestras cuentas de Twitter y demostraréis esa desazón vital que tanto os abruma con una colección de hashtags en esa, vuestra abotargada cuenta de Instagram, que siempre está ahí para demostraros lo que podrías llegar a ser.

¿Y para qué hacer más? Tenéis razón, muchachas y muchachos. Si para hablar de un tema hoy basta con leer treinta líneas en algún sórdido rincón de internet y contarlo en quince en ese espacio abierto a la demencia ignorante que es la “www”. Todo lo bueno cada vez está más abajo, más enterrado por la filfa constante que nos tragamos. Es complicado acceder al conocimiento, no ya a la información, fiable, que también, pero al conocimiento es un tarea agotadora… Es casi imposible, hasta las fuentes más renombradas tienen que adaptarse a esta sensación global de amargura por la letra escrita o hablada y convertirse en recuerdos de lo que fueron, en sombras vacías de lo que pretendieron ser. No, la vida no está peor, la vida sigue igual, igual de mal, igual de jodida; lo que no sigue igual es la otra vida, esa que llevamos en la red, vía online. Esa vida está muy complicada, más jodida aún, señores, porque está edificada sobre falacias y atajos sin salida, porque está atrapada en “gritones” de desechos que no hacen más que crecer, y de los que tragamos una buena porción cada día, casi sin darnos cuenta. Ay, si el hambre real fuera tan fácil de saciar, si a todos nos bastara con fotos de perritos, frases estúpidamente ingeniosas y un montón de escritos sobre lo bello que es vivir en la gracia de Risto Mejide, salvador de almas….

No, como de costumbre, lo malo no es el medio, lo malo, lo peor, lo execrable es el uso que hacemos de él. Se nos ha dado voz a todos, una oportunidad única de relumbrar y cambiar las cosas, y la mayoría no hemos hecho más que cogerla, engullirla y defecarla para ofrecérsela todavía caliente al mundo. Bravo, el ser humano ataca de nuevo. Y así seguimos, dándole vueltas a todo, dejándonos llevar, ¿para qué estamos aquí, si no? Deja de leer y ponte a currar, que yo no escribo de esas sandeces que buscas. O sí, ¿no? Bueno, no las mismas, son otras, sandeces de las sandeces, epítome de la gilipollez, eso me encaja más.

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