Este es mi país,
como todos, una brecha imaginaria
en el rico trazado de un planeta viejo;
las fronteras no existen,
sólo la ignorancia y el miedo.

Y este es mi país,
un país de miedos,
al azar caímos en sus dominios inventados,
y quedamos ciegos,
sólo alcanzamos lo que en las sombras
rumia y florece.

Mi país es mezquino,
el país del egoísmo,
de la riqueza y el consumo,
de la desigualdad y el hambre,
del ladrón y la ignorancia;
todos en mi país viven muertos de miedo.

Mi país es un país de viejos,
viejos hasta los jóvenes,
y todo el mundo vive solo,
y todo el mundo quiere morir solo;
las miradas son de hiel
y las manos cortadas.

Este es mi país,
en el que mandamos los ricos,
en el que el resto,
los más, pero los que menos,
anestesiados se esconden,
abotargados en las costas de la asfixia y del hambre.
Y la rabia canta, pero no sabe pensar.
Y la avaricia y la ambición son ejemplo,
pero la solidaridad y el futuro
viven proscritos,
en busca y captura del dinero.

En mi país no importa nada,
nada que valga la pena;
no importan el aire o el agua,
han sido vendidos;
no importan ni  la cultura ni el arte,
han sido despreciados por improductivos;
No importan, siquiera, la ciencia o el tiempo,
no valen los sueños que no se revendan mañana.

Este es mi país,
un país que por miedos, hipoteca futuros;
el país de los cojones,
de la defensa de lo de cada uno,
de la estafa, el escarnio y la incultura.
Es un país sin educación
que agoniza en las ciénagas
de un mundo moderno perdido en sus extremos.

Mi país ya no piensa,
sólo traga,
engulle todo a su paso;
es el mundo que mata,
el hombre que no descansa.
Mi país no tiene nombre,
es el de todos.

 

Imagen por: BenHeine


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