Sabe dulce, a algo como de pan,
y un poco a lluvia y a calle mojada,
al paso gris que ablandan las mañanas;
sabe a ti, pero lejos, como a sal.

Sabe a tus labios, sabe a repasar
con una canción mi piel anudada;
sabe a no querer ver que se acababa,
a no saber, a no querer mirar.

Sabe al pasillo vacío en la umbría,
y a una puerta entornada, cerrando
el color adherido a tu cintura;

sabe como saben las elegías,
a remiendos y pérdida, a pasado,
a encogerse entre las mismas costuras.

Sabe a contraluz…


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