A ti sonido crujiente que machacas mis profundidades,
que me rescatas de donde no quiero ser rescatado,
que me levantas de donde nunca debiera ser encontrado;
a ti horripilante invento de la más afilada pesadilla,
a ti que no tienes piedad,
que te empeñas,
musa de la ansiedad,
que te repites hasta el llanto y el crujir de dientes,
íncubo invertido,
¿de dónde vienes que tanto dueles,
que tanto te odiamos los durmientes?

En mi cabeza resuena siempre, con pavor, tu canto batiente,
incólume a los días de sol, a la lluvia,
a los colores de una mañana de verano,
a la calma de un tarde fría de invierno, arrebujado,
que me rematas,
que me revientas,
que me arrastras al yermo de la vigilia empapelada.

¿Quién inventó tu roja marca?
¿Quién decidió darte vida,
dotarte del control primario de los días y las horas?
¿Qué malvada decisión hubimos de tomar
para procurarnos tamaña y taladrante tortura?

Si aún me dura tu castañetear
que hasta las meninges me tiemblan,
si me duele el trauma que abocas
cada día en tus colmillos crocantes;
si no te soporto, alarma feral del demonio,
¿por qué te dejo?
¿por qué, cada noche, esclavo somnoliento,
te preparo en altares de sueño
tu feliz panoplia de tristezas y hierros?

Alarma del dolor nervioso en los extremos,
que despiertas y castigas,
que inflamas sin cesar las vértebras de la amargura,
déjanos al gallo tempranero,
la luz sola,
el repiqueteo de los pájaros afanosos,
la gloria del mañaneo:
¿por qué de tu certeza?
¿por qué el constante suplicio
de tu lamentable existencia?

Te odio, ingrata,
en tu sonrisa satisfecha,
cada mañana y tarde,
en cada atronadora despedida
de mi precioso sueño,
¡¿por qué no implosionas,
por qué no te devuelves
al pozo oscuro de vileza retorcida
del que una vez te sacaron,
mil veces maldita?!

 

Imagen por: badassbassplaya


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