Fiestas

por Somnoliento

No sé qué tiene este sitio,
que todo lo hace tiritar
de sano nervio, de pura nostalgia.

Será la gente, que lo es,
por lo grandes.
Serán las montañas, que lo son,
por lo buenas,
serán sus noches que nunca se acaban,
refociladas con el día,
amalgamadas en su extático
baño de colores.

No sé qué tiene este sitio
que a todo el mundo hace temblar
cada vez que lo pisa.

Serán tus manos,
el agua helada,
sus ojos bárbaros,
la risa por la risa,
los brazos en cruz (del sur)
las rutas, con y sin subidas,
los verdes de todas las luces,
el agosto esmerilado,
los veranos de la eufonía
en cada grito,
en cada año triangular
reunido en una memoria
que nunca descansa.

No sé qué tiene este sitio
que te espesa gozoso
de azul las venas.

Rincón mágico
poblado por ornitorrincos constantes,
hombres que en ruedas caminan,
ocultos churreros de brujo vestidos,
holoturias submarinas de color imposible…
Todos distintos a pesar del tiempo,
todos iguales gracias al tiempo,
amigos sin más
en la sonrisa montados.

No sé qué tiene este sitio
que hasta a los sueños escapa;
harto de ser soñado
vuela con sus montañas y todo
en la fábrica de la luz,
dándonos de vivir
a los enanos que a siete bandas
nos hemos criado,
en bicicletas de ebrios ruedines,
abrazados, muy juntos,
aun cuando en los meses de frío
los siete picos olvidamos.

No sé qué tiene,
que cada vez que lo dejo,
me come la pena
y sólo pienso en volver a verlo.

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